domingo, 24 de enero de 2010

La Paz


En un mundo atribulado con sus problemas, la búsqueda colectiva e individual de la paz es apremiante. La medios humanos por si solos hacen inacalzable tal propósito. Afortudanamente hay un enfoque divino que soluciona el problema pero que esta diametralmente distante del modo de pensar humano.
Son cuatro los apartados para entender, procurar y alcanzar la paz: Paz con Dios, Paz personal, Paz en la familia y Paz en la iglesia.

El pecado ha marcado una distancia insalvable entre Dios y el hombre. Existe por esta situación una forma de enemistad grave entre lo divino y lo humano; es una circunstancia de conflicto, de oposición. El cese de hostilidades, el volver a ser verdaderos hijos e hijas de Dios y retomar el camino original es posible por la gracia Salvadora de nuestro Jesucristo. Su sacrificio hecho en la cruz nos hace estar en paz con nuestro Padre Celestial. El castigo por nuestros pecados ya esta saldado; los sentimientos de culpabilidad o remordimiento se han desvanecido.

Así mismo encontrar la paz en nosotros mismos implica un esfuerzo constante para vencer el egoismo. Ese egoismo, el amor al yo, albergado en la mayoría de nuestros corazones nos hace buscar la supremacía sobre los demás. Aflije nuestro corazón en la búsqueda de banalidades, nos vuelve frívolos. Corrompe nuestro corazon a tal grado que nos mantiene inquietos y por eso nunca tenemos llenadera. Lastimados pues, como estamos en nuestro interior, es fundamental recordar la voz del Maestro, cuando dijo: : "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Tal yugo sencillamente significa superar el yo, vencer el egoismo y cumplir placenteramante los mandamientos de Dios.

Un sentido adicional nos enseña que nuestras relaciones humanas en la familia y en la iglesia deben estan marcados por el sacrificio propio, el perdon, la comprensión, la ayuda mutua, las actitudes bondadosas y pacientes. Romanos 12:9-21 provee consejos prácticos para mejorar tus relaciones familiares. Consultalo.

Por último, aunque no debemos igualar la paz a una vida sin problemas, la paz que nos ofrece nuestro Dios es interna; es una paz que no se conmuta por las situaciones dificiles porque se sustenta en la promesas de su palabra y en un conocimiento profundo y claro de su Persona. ¿Te gustaria expermientar esta paz verdadera? ¿Estas cansado de vivir en desasosiego?. Acércate a Dios, pídele la paz que Él te ofrece con corazón sincero.

lunes, 18 de enero de 2010

El Gozo

Este apartado tiene una íntima relación con lo planteado anteriormente en "El fruto del Espíritu es: Amor". Tomas de Aquino, importante teólogo del siglo XIII, exponía que "al acto de amor se sigue siempre el gozo; pues todo amante goza en la posesión del Amado, y el amor siempre tiene presente a Dios". En otras palabras, gozarse es consecuencia de experimentar primero el amor a Dios. Así que el verdadero gozo se fundamenta en una profunda relación con Dios, y cualquier circunstancia externa no podra menoscabarlo por muy dolorosa que pueda ser.

Este gozo brota naturalmente en el corazon de todo ser humano, cuando reconoce que tiene un Salvador que lo ama; cuando acepta su promesa de que volverá al final de los tiempos como el Triunfante Rey de Reyes y Señor de Señores; cuando cree fielmente en sus cuidados diarios; cuando obedece espontanéamente sus mandamientos; un corazón que se goza a la vez en la conversión de quienes lo rodean. En fin, todo cuanto ha echo el Salvador por nuestras vidas nos motiva a gozarnos permanentemente.

Adicionalmente, esto nos hara cumplir puntualmente una recomendación de Elena G. de White, cuando dijo que: "donde quiera que vayamos deberíamos llevar siempre una atmósfera de esperanza y alegría cristianas".


miércoles, 6 de enero de 2010

El fruto del Espítiu es: Amor

Cuando Jesús dijo: "Amaras al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas", expreso la característica multidimensional del amor. El Amor a Dios implica todos los componentes (toda la dimensión) del ser humano, el ser entero. No se trata únicamente de meros sentimientos si no de un amor inteligente e incluso racional; también es un amor comprometido y responsable; sustentado en el trato diario con Él y en las acciones que mostramos hacia los demás, pues tratar bien a un prójimo es tratar bien a Dios mismo.

Y es aqui donde viene la Segunda Parte del gran principio del amor que permea toda la esencia divina, amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Cuando era adolescente cotidianamente veia por las calles a un joven con protésis de madera, sentado en las banquetas pidiendo limosna. Por aquel entonces tenía un dinero ahorrado y muchos deseos de comprarme unos zapatos caros. La cantidad de dinero era suficiente para comprarme dos pares. Hubo una inspiracion que me motivo a darle al joven tullido la mitad de mi dinero, pues mi razonamiento fue que si debo amar a mi prójimo como a mi mismo, pues le compraria unos zapatos totalmente iguales y del mismo precio.

No podia darle menos, porque no sería la forma de tratarme a mi mismo. La igualdad de condiciones y privilegios hizo que ese día fuera verdaderamente extraordinario y que una alegría inaúdita y venida del cielo hiciera brillar el firmamento y mi rostro de una forma inexplicable. Dejando al jóven con el dinero y unas palabras de amistad sincera, con mis nuevos zapatos puestos me encontre con mi mejor amiga y caminamos hacia la escuela. Inolvidable día.