Este apartado tiene una íntima relación con lo planteado anteriormente en "El fruto del Espíritu es: Amor". Tomas de Aquino, importante teólogo del siglo XIII, exponía que "al acto de amor se sigue siempre el gozo; pues todo amante goza en la posesión del Amado, y el amor siempre tiene presente a Dios". En otras palabras, gozarse es consecuencia de experimentar primero el amor a Dios. Así que el verdadero gozo se fundamenta en una profunda relación con Dios, y cualquier circunstancia externa no podra menoscabarlo por muy dolorosa que pueda ser.
Este gozo brota naturalmente en el corazon de todo ser humano, cuando reconoce que tiene un Salvador que lo ama; cuando acepta su promesa de que volverá al final de los tiempos como el Triunfante Rey de Reyes y Señor de Señores; cuando cree fielmente en sus cuidados diarios; cuando obedece espontanéamente sus mandamientos; un corazón que se goza a la vez en la conversión de quienes lo rodean. En fin, todo cuanto ha echo el Salvador por nuestras vidas nos motiva a gozarnos permanentemente.
Adicionalmente, esto nos hara cumplir puntualmente una recomendación de Elena G. de White, cuando dijo que: "donde quiera que vayamos deberíamos llevar siempre una atmósfera de esperanza y alegría cristianas".
Este gozo brota naturalmente en el corazon de todo ser humano, cuando reconoce que tiene un Salvador que lo ama; cuando acepta su promesa de que volverá al final de los tiempos como el Triunfante Rey de Reyes y Señor de Señores; cuando cree fielmente en sus cuidados diarios; cuando obedece espontanéamente sus mandamientos; un corazón que se goza a la vez en la conversión de quienes lo rodean. En fin, todo cuanto ha echo el Salvador por nuestras vidas nos motiva a gozarnos permanentemente.
Adicionalmente, esto nos hara cumplir puntualmente una recomendación de Elena G. de White, cuando dijo que: "donde quiera que vayamos deberíamos llevar siempre una atmósfera de esperanza y alegría cristianas".

No hay comentarios:
Publicar un comentario