Cuando Jesús dijo: "Amaras al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas", expreso la característica multidimensional del amor. El Amor a Dios implica todos los componentes (toda la dimensión) del ser humano, el ser entero. No se trata únicamente de meros sentimientos si no de un amor inteligente e incluso racional; también es un amor comprometido y responsable; sustentado en el trato diario con Él y en las acciones que mostramos hacia los demás, pues tratar bien a un prójimo es tratar bien a Dios mismo.
Y es aqui donde viene la Segunda Parte del gran principio del amor que permea toda la esencia divina, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Cuando era adolescente cotidianamente veia por las calles a un joven con protésis de madera, sentado en las banquetas pidiendo limosna. Por aquel entonces tenía un dinero ahorrado y muchos deseos de comprarme unos zapatos caros. La cantidad de dinero era suficiente para comprarme dos pares. Hubo una inspiracion que me motivo a darle al joven tullido la mitad de mi dinero, pues mi razonamiento fue que si debo amar a mi prójimo como a mi mismo, pues le compraria unos zapatos totalmente iguales y del mismo precio.
No podia darle menos, porque no sería la forma de tratarme a mi mismo. La igualdad de condiciones y privilegios hizo que ese día fuera verdaderamente extraordinario y que una alegría inaúdita y venida del cielo hiciera brillar el firmamento y mi rostro de una forma inexplicable. Dejando al jóven con el dinero y unas palabras de amistad sincera, con mis nuevos zapatos puestos me encontre con mi mejor amiga y caminamos hacia la escuela. Inolvidable día.
Y es aqui donde viene la Segunda Parte del gran principio del amor que permea toda la esencia divina, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Cuando era adolescente cotidianamente veia por las calles a un joven con protésis de madera, sentado en las banquetas pidiendo limosna. Por aquel entonces tenía un dinero ahorrado y muchos deseos de comprarme unos zapatos caros. La cantidad de dinero era suficiente para comprarme dos pares. Hubo una inspiracion que me motivo a darle al joven tullido la mitad de mi dinero, pues mi razonamiento fue que si debo amar a mi prójimo como a mi mismo, pues le compraria unos zapatos totalmente iguales y del mismo precio.
No podia darle menos, porque no sería la forma de tratarme a mi mismo. La igualdad de condiciones y privilegios hizo que ese día fuera verdaderamente extraordinario y que una alegría inaúdita y venida del cielo hiciera brillar el firmamento y mi rostro de una forma inexplicable. Dejando al jóven con el dinero y unas palabras de amistad sincera, con mis nuevos zapatos puestos me encontre con mi mejor amiga y caminamos hacia la escuela. Inolvidable día.

Que hermosa experiencia, muy cierto, lástima que pocos queremos al projimo como a nosotros mismos,ultimamete ya ni nos amamos a nosotros mismos....
ResponderEliminarla nena